lunes, 29 de diciembre de 2014

gramática

Están los besos lampiños, suaves como el culo de un bebé (y a Lupita le da un poco de asco la expresión, la verdad, y tiende a arrugar la nariz cuando la escucha). Y están los besos de lija, besos sin afeitar que dejan la piel irritada (y cómo le gusta la sensación, ese dulce calor que hormiguea garganta abajo...).



También están los besos de lengua traviesa y dedos que se enredan en el cabello (y a Lupita le encanta jugar). Y esos otros que acaban en mordisco, en espalda que se arquea y en gemido (y a veces se ruboriza cuando, en el gimnasio, alguien se fija en las marcas de dientes que le enrojecen el cuello, los hombros...).


Tantas posibilidades, articuladas en torno a su boca húmeda...






lunes, 22 de diciembre de 2014

el faro del fin del mundo

No hace mucho que a Lupita le hicieron una propuesta singular: pasar una temporada larga en un faro, alejada del mundo, rodeada de cielo y mar. Sola.

La oferta no podía llegar en mejor momento: llevaba ya unos meses malos, encerrada en casa, decepcionada y triste, aburrida. Escribía por pura inercia y lo justo para pagar facturas, echaba en falta a tanta gente que había tenido que marcharse fuera, escuchaba en bucle una playlist letal de canciones tristes. Se había cortado el pelo como un soldado y se lo había teñido ya de todos los colores del arco iris. Así que se lo pensó despacio y muy en serio. Se imaginó a sí misma en las largas noches de invierno y galerna. Se imaginó bajo esos cielos abisales e interminables, bebiendo café caliente y bautizando estrellas. Se imaginó arrullada por el rumor de gigante de las olas, soñando sueños líquidos. Sola.

Sola de verdad, coleccionista de tragedias minúsculas, la última mujer sobre el planeta.



Decidió, de repente, que iba a ser complicado llevar consigo todos sus vinilos, y que el salitre acabaría por corroer sus tebeos de Archie y sus novelas de Kawabata. Decidió que a lo mejor era ya hora de recuperar el color natural de su pelo, y que  había que volver a maquillarse con todo ese rimmel y empezar a salir al balcón antes del anochecer, regar las plantas, bajar a pasear otra vez por el barrio a pleno sol...

Comer cruasanes recién hechos, comprar el diario, mirar escaparates. Encender el móvil y ver a quién llamar para comer... Remontar el vuelo.

lunes, 15 de diciembre de 2014

balas de plata

En sus oídos suena todavía la voz monótona del sacerdote, el listado de víctimas; una dolorosa, lenta letanía sin fin.

Camina en silencio y alerta. A su alrededor, la noche se ilumina de luna.

Lo huele antes de escucharlo, mucho antes de llegar a verlo, al acecho entre las sombras.


Arquea la espalda, deja salir, muy despacio, el aire de los pulmones. 

Acaricia el gatillo.

Espera.

lunes, 8 de diciembre de 2014

volver

Lupita pasó media vida marchándose de los sitios. Sin mirar atrás, dejándolo todo de un día para otro. Una maleta roja, pequeña y ya un poco gastada, y un billete de ida: ese fue siempre su equipaje.



Con el tiempo, llegó un momento en que empezó a querer regresar. Y descubrió que no quería volver a lugares concretos, sino a la gente que había ido dejando a su paso. La gente que, se fue dando cuenta, llevaba todo ese tiempo esperándola...

lunes, 1 de diciembre de 2014

días de furia

Lupita tiene a veces días de NO, y en esos días detesta a los ciclistas que toman al asalto y a toda velocidad las aceras como si todos ellos llevaran a ET en la cesta. En esos días siente también una animadversión tóxica hacia los que hablan a voces, y odia a los que, excluyentes, caminan por la acera como si fueran los últimos habitantes del planeta, y a los que bracean con el paraguas cerrado en la mano como ni un caníbal haría con la lanza.



Pero sobre todo, en esos días, y un poco también en los demás, lo que hace que la sangre le hierva en las venas son esas expediciones familiares que se adueñan del mundo como si todo girara en torno a sus retoños asilvestrados, esos grupos irregulares y caóticos que viajan en torno a cochecitos de bebé pertrechados como las caravanas en las que los colonos llevaban sus pertenencias cuando se aventuraban en el Far West. Cuando los ve, cuando tiene que sufrirlos, se siente con hambre de ser piel roja, y quisiera cabalgar a pelo y al galope hacia ellos, tomahawk en mano, y arrancar un puñado de cabelleras frescas, y dar de comer a los coyotes cachorro tierno de hombre blanco.



Esos días, sí.

lunes, 24 de noviembre de 2014

wendigo

El aula tiene ventanales muy altos, y las contraventanas son de madera vieja. En la pizarra hay algo escrito, quizá unas declinaciones de latín, una letanía incomprensible. Hay polvo de tiza en suspensión, como una niebla blanquecina.

Lupita mira a través del cristal sucio, al patio, a la verja que hay más allá, al bosque detrás de ella, un muro pardo y verde oscuro que parece palpitar entre ráfagas de lluvia. Furtiva, enciende un cigarrillo. Siente frío en las piernas, casi se arrepiente de haber acortado la falda del uniforme.



Una calada, otra. Rápido, antes de que alguien pueda aparecer. Le parece ver algo por el rabillo del ojo, un borrón de movimiento detrás de la verja, en el bosque. Hay algo antiguo y feroz entre los árboles que le devuelve la mirada y le hiela la sangre en las venas. Un momento nada más y después nada... el temblor de las manos y el corazón acelerado. 

lunes, 17 de noviembre de 2014

desnuda

Lo llaman arrugas de expresión, algo así. Le gustan por lo que dicen de ella: cuánto ha reído y disfrutado, las cosas que ha vivido. Cuánto ha llorado, también. 

¿Le gustan?

Delante del espejo, se mira despacio. De repente, le cuesta reconocerse. Lo de las canas empieza a ser una batalla perdida, habrá que plantearse aceptarlas. La piel no es tan tersa como lo fue hasta... no hace tanto. No importa, nunca hizo mucho caso de esas cosas.

 ¿Nunca?

Desnuda, se mira en el espejo. Le da un poco de pudor, y eso sí que no le había ocurrido hasta hace poco. Las curvas se han suavizado, hay como una sensación de plenitud, de gato dormido y satisfecho, donde antes había piernas largas y una elasticidad un poco patosa, de cachorro. Todo ha cambiado, pero Lupita no sabría decir cuándo, ni sabría decir si se gusta más ahora que antes...  



Sentada en la cama, sonríe. Se deja caer hacia atrás, mira al techo. Va a tener que acostumbrarse a sí misma, va a tener que aprender a gustarse. Dejarse el flequillo más largo.

Y hay quien le ha dicho, como un cumplido, que le gustaría haberla conocido antes, que debió estar cañón hace diez años. Cada vez que oye algo así, la ninja que lleva dentro se tensa como un resorte letal y pide sangre.


Dejarse el flequillo largo, sí. Como Verónica Lake. Como Madame Hydra.

Y no dejar nunca de reírse.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Nemo

A Lupita le gusta esta ciudad sin mar que amanece a veces tan submarina, y le gustan esos días de transición, ni otoño ni verano, que se dirían disfrazados de invierno y que son cada año más frecuentes. Le gusta mirar a las chicas en la calle, en el tren, porque todavía conservan los pantalones muy cortos de agosto, pero los complementan con medias de colores vivos y americanas demasiado grandes.

Le gusta comer en los restaurantes chinos, aunque se haga siempre un lío con los palillos, y cuando pasea viste un impermeable de color cereza que hace juego con su risa.



A veces, cuando llueve como aquí llueve, refugiada bajo una marquesina o vigilando desde el balcón de su casa, se siente un poco vigía a la espera de avistar las luces de posición del Nautilus allá, al otro lado de la calle en penumbra.

lunes, 3 de noviembre de 2014

geiger

Lupita recorre, meticulosa, el desierto de Nevada. Sigue una ruta fantasmal de instalaciones abandonadas y edificios destruídos por las pruebas nucleares desde los años cincuenta. Paisajes lunares, carreteras truncadas, paredes de hormigón derretidas en medio de un océano de arena cristalizada. En ocasiones, el oscuro bostezo de la boca de un túnel que conduce a instalaciones subterráneas pobladas por maniquíes fundidos: los restos de un simulacro abrasado de vida cotidiana.



Lupita,arqueóloga postindustrial, fotografía y documenta, fija todo lo que ve en imágenes de una nitidez turbadora. Camina como en un sueño de ámbar, acompañada únicamente por el sonido mecánico y fiable de sus cámaras, y por el crujido insistente de palomitas en un microondas que emite sin descanso el contador geiger.


lunes, 27 de octubre de 2014

like the deserts miss the rain

Lupita baila. 

Silenciosa, se desliza por la casa con un balanceo suave, los cascos puestos, descalza, los ojos entreabiertos. 

Sonámbula, sueña despierta.



Cae la noche y nadie mira desde fuera. Lupita baila, sonríe.

Se deja ir...

lunes, 20 de octubre de 2014

Becky

Cuando la niña Lupita entró por vez primera en la biblioteca pública del barrio se sintió minúscula: las paredes altísimas y cubiertas de libros, la luz tamizada, el silencio poblado de susurros. Allí, aquel lejano verano sin playa, mientras sus padres iban y venían del hospital, agotados, ella descubrió a Nemo y a Robur y a D'Artagnan, viajó a la isla del doctor Moreau y a la de Robinson Crusoe, llegó hasta la luna y navegó por el Mississipi. Los pies le colgaban de unas sillas pensadas para mayores, pero a ella no le importaba.


Hoy todavía recuerda esos meses de maravilla diaria, y se acuerda de esa jovencita de flequillo rebelde que la primera tarde la rescató del rincón y la llevó a una mesa de lectura y le puso delante "Las aventuras de Tom Sawyer".

Hoy, después de tantos años, añora aún Lupita de cuando en cuando el refugio de esa cueva donde Tom y Huck se ocultaron y fingieron su propia muerte, y sueña a veces que se esconde allí de sus propios indios Joe...

lunes, 13 de octubre de 2014

loveless

Joven Lupita de labios rojos sentada en la hierba. Despacito, se arranca la costra de esa herida que tiene en la rodilla huesuda. Intoxicada de flores y los cien colores del verano, se deja caer y abre la boca a las primeras gotas de lluvia, los ojos muy abiertos, el corazón a toda máquina. 



Corre bajo la tormenta y grita con el trueno, baila, salta y jadea, empapada de azul y de gris... 

lunes, 6 de octubre de 2014

detrás de la máscara

Lupita ha tenido muchos trabajos, y le gusta hoy pasear y fijarse en esos detalles en los que casi nadie se fija: las conversaciones cifradas entre dependientes en unos grandes almacenes, esos guiños y sobreentendidos de sección a sección; muchachas que fuman sentadas en el bordillo de la acera, o de pie cerca de las puertas de los comercios, cigarrillos liados y sonrisas muy rojas, algún tatuaje trepándoles desde la espalda hasta la nuca desnuda; el gesto de paciencia de las cajeras del supermercado, mucho más superheroínas que nadie, manos rápidas y cabello recogido...



A Lupita le gusta fijarse en todas esas cosas, toda esa vida secreta en paralelo a la cotidiana y de la que durante mucho tiempo fue parte. Le gusta pasear y mirar porque le gusta recordar, y porque le gusta, además, empaparse de realidad, llevársela pegada a la piel antes de ponerse el uniforme, la máscara; antes de ingresar en esa otra vida feroz y oculta. 

lunes, 29 de septiembre de 2014

London calling

Recuerdos de Londres. La primera vez fue, para Lupita, como un sueño en dibujos animados: colores vivos, formas borrosas, el aroma sabroso del curry en las calles húmedas, las ardillas alrededor de la estatua de Peter Pan, niños descalzos sobre el césped, la lluvia dulce, Candem cuajado de banderas y carteles soviéticos, las momias en el Museo, la sensación de incredulidad delante de la piedra de Rosetta... y esa multitud multicolor y de gesto indiferente, crestas y turbantes, punkis trajeados en la city, gentlemen con paraguas.

Y los taxis. 

Y los autobuses de dos pisos.

Después, en visitas posteriores, todo se fue concretando, y al final un montón de tebeos, vinilos de los Clash, de Kate Bush, de los Jam, paseos interminables, charlas de pub. Una legión de amigos en tres idiomas.



Lupita lo supo desde el principio, y con el tiempo no hace más que reafirmarse en su primera impresión de euforia: si alguna vez se quisiera sentir de alguna parte en concreto, de una ciudad específica, sería de Londres y no de otra. Su Londres particular.


lunes, 22 de septiembre de 2014

agente doble

Como en un juego de espejos, sombra de tu sombra, te sigo cuando me sigues... o a la viceversa, ya es difícil distinguir.

Operativo Lupita, sigilosa y letal: una cuchilla andante.



Charlamos, reímos, apuramos los vasos. Y en silencio, de reojo, nos preguntamos si el otro sabe, si sospecha, si juega al mismo juego.

Caminamos atentos a quien pueda estar a nuestra espalda, vigilamos los portales oscuros, los coches aparcados. No nos acostamos sin mirar antes debajo de la cama. 

(Cada uno su cama, su portal oscuro, su coche aparcado, su espalda. Por separado, reflejo uno del otro.)

lunes, 15 de septiembre de 2014

azul

En su burbuja de tiempo detenido, Lupita contempla el infierno azul de la estrella de neutrones y recuerda el azul acuoso de Neptuno, el azul eléctrico de la interfaz de la IA de a bordo justo antes del colapso, el azul turbio de las olas en la playa en la que, muchos años atrás, en otro mundo (en otra línea temporal, quizá), solía pasar los veranos de su infancia, esa playa de arena roja en la que por vez primera leyó a Bradbury y se enamoró de Marte y sus arenas rojas, esos veranos de noches transparentes en los que soñó, también por primera vez, con viajar a las estrellas... 



La eternidad es un parpadeo azul, y los recuerdos se congelan ahí, en ese tenso equilibrio de espacio y tiempo.

lunes, 8 de septiembre de 2014

geometría

Saber que, en alguna parte, Lupita pasea. Saberla sentada en una terraza tomando un café con hielo, fumando despacio, las piernas cruzadas, la mirada perdida.


Formular posibles rutas de colisión. Trazar una curva que propicie un punto de intersección. Definir una órbita en espiral descendente que acabe colapsando en su dormitorio una madrugada fría y con sabor a ron tibio, a sudor.

Tatuar en su espalda arqueada la fórmula y los diagramas, como un mapa del tesoro.

lunes, 1 de septiembre de 2014

el verano del cohete


Lupita se acuerda de aquel verano... Cada tarde, el cielo se incendiaba y un trueno se alargaba hasta el anochecer. Cada tarde, un lanzamiento: la Primera Oleada de colonos rumbo a Marte, viaje de ida sin billete de vuelta.

Solía pedalear sola hasta el límite acotado de la zona prohibida y desde allí, con sus prismáticos, contemplaba la siluetas estilizadas de los cohetes, el bullir de vehículos alrededor, la actividad frenética.

Cada noche, desde la ventana de su dormitorio, miraba las estrellas y soñaba despierta.



Hoy, tantos años después, aguarda noticias del Programa Espacial. La Segunda Oleada no necesitará ya esos cohetes titánicos que cristalizaban el hormigón en su lento elevarse. Para Lupita, sin embargo, la idea del viaje espacial está asociada a ellos, a ese tronar bronco que hacía temblar la tierra, a la estela hirviente que rompía en dos el cielo a su paso.

Espera noticias: día y hora. Viaje de ida. Destino: Marte.  

lunes, 25 de agosto de 2014

on the road

Lupita no soporta el olor de la galosina, y no puede estar en esos aparcamientos donde todo huele a tubo de escape y metal caliente, se pone mala... pero mala de acostarse. Y, sin embargo, le encanta conducir.



A pesar de los que no saben para qué sirve un intermitente, y de los que cruzan sin mirar y por cualquier sitio, como yonquis. A pesar de los que se le acercan más de la cuenta, como en El diablo sobre ruedas, y de los chulos que se creen Transporter. A pesar de listos, descerebrados y bocazas, de ciclistas kamikazes, Lupita disfruta conduciendo. Disfruta cuando siente que el coche la obedece, cuando al final de una cuesta parecen, el motor y ella, suspirar a la vez. Disfruta escuchando a Jonathan Richman mientras conduce despacio por la ciudad, un poco a la aventura, dejándose llevar por la inercia del tráfico, descubriendo barrios que no conocía y pensando en sus cosas... soñando con, algún día, atravesar el desierto, recorrer esas carreteras infinitas que, en las películas, se pierden en el horizonte rojo, solitarias, silenciosas...

lunes, 18 de agosto de 2014

caída libre

Con Blanca aprendí a besar, y aprendí también a devolver a la policía sus botes de humo, y de Marga y sus ojos azul mar aprendí a fumar como Belmondo y a no peinarme nunca por las mañanas.

Fátima, siempre susurrante, me descubrió a Camille Paglia y a Chet Baker, y después se marchó a París con su boca roja y sus minifaldas imposibles.

Sol fue un relámpago y un trueno. Con ella entendí que en realidad nunca había sabido besar, y aprendí también a disfrutar del vino.



Y Lupita... ¡Ay, Lupita! Con ella supe lo que de verdad es dejarse llevar. No pensar, no hacerse preguntas... Cerrar los ojos y flexionar las piernas, dejar que la gravedad te arrastre hacia abajo... abrazarla, aferrarse a ella y gritar...

lunes, 11 de agosto de 2014

kawaii


Cada verano hay algo nuevo, y este año Lupita se ha enamorado de todas esas muchachas orientales que han invadido la ciudad protegidas del sol con sombrillas y paraguas, vestidas de colores brillantes y con gafas oscuras. Le encantan sus piernas largas y su manera de andar, un poco patosa. Y le maravillan esos flequillos geométricos, como trazados con escuadra y cartabón. 



Dulces, bullciosas, buscan siempre la sombra como improbables vampiros de charol y celofán.

lunes, 4 de agosto de 2014

¿de dónde viene la nieve?

El sol abrasa la calle y Lupita se refugia en casa durante el día, las persianas bajadas, las cortinas echadas, todo bien cerrado: como en un asedio. 

En el rincón menos caluroso, protegida por la caricia lenta del ventilador, rodeada de sus cuadernos y sus bolígrafos de colores, deja que las horas pasen mientras escribe historias de expediciones árticas y de robots dormidos entre glaciares, de niños perdidos en bosques invernales. Escribe también cartas, largas cartas sin fecha en las que habla de un jardín nevado y una casa cubierta de hielo, de cielos grises y tormentas de granizo, del placer de refugiarse ante la chimenea y leer cuentos de fantasmas...



Y así pasa los días, envuelta en su hechizo de escarcha hasta bien entrada la noche, cuando puede por fin abrir de par en par las ventanas y dejar que circule el aire tibio, y salir al balcón, buscar en el cielo la cara redonda de la luna llena...

lunes, 28 de julio de 2014

santoral

Lupita creció pegada a la televisión, primero con series y dibujos animados y esas películas de miedo que tenía que ver a escondidas desde el pasillo sin que sus padres se dieran cuenta, y luego con el VHS y todo lo que vino después. 

Soñó con ser Miércoles Addams y soñó también con ser Ripley, maravillosa Sigourney en bragas, acechada y acechante. Le maravilló Katherine Hepburn en Historias de Filadelfia y en La fiera de mi niña, y cuando aparecía Lauren Bacall no podía apartar la mirada de la pantalla. (A la Hepburn de Desayuno con diamantes la hubiera abofeteado, en cambio. Y no porque la hiciera llorar siempre que veía la película, o no solamente, aunque seguro que algo hay de eso.) 

Por supuesto, se enamoró de la princesa y senadora Leia Organa: nadie ha tenido más carisma que Carrie Fisher con el camisón blanco, el peinado de doble ensaimada y una pistola de rayos en la mano, y cuando la vio vestida de princesa de Barsoom a los pies de Jabba no hubo ya marcha atrás. En cambio Amidala no, Amidala era una sosa de mucho cuidado, y Natalie Portman donde está bien es en León, el profesional, y en Beautiful girls; ahí sí.

Soñó también con ser Buffy, aunque a ella quien de verdad le gustaba era Willow, con esa carita de no haber roto un plato. Y se imaginó muchas veces como compañera del Doctor, viajando a bordo de esa cabina azul más grande por dentro que por fuera, pero no una compañera cualquiera, ojo: Lupita quien quiere ser es Rose, y ahí no hay discusión que valga.


Pero con el tiempo se ha dado cuenta de que la película que más le gusta, la que vuelve a ver cada año como un ritual, es justo una sin papel para ella. En 2001 no hay mujeres. Es decir, sí, esas azafatas que atrapan bolígrafos vagabundos en gravedad cero, tan pulcras. Pero no hay mujeres astronauta, y Lupita no se lo perdona a Clarke y Kubrick, y se sueña a menudo dentro de la película, otro 2001 es posible: su mano acercándose a la superficie lisa del monolito, el silencio sinfónico del espacio exterior resonando en sus oídos, su percepción desplegándose en cuatro dimensiones, Lupita precipitándose, cayendo, huyendo por el agujero de gusano hasta más allá de las estrellas...

lunes, 21 de julio de 2014

una sirena

La ve cada tarde a la misma hora. Camina por el andén con paso elástico de bailarina, o quizá de superheroína, la mirada fría perdida en un punto indeterminado. Tiene el pelo negro y muy corto, y de la nuca maravillosa parte un tatuaje que desciende por la espina dorsal hasta perderse más allá de la tela liviana del vestido, una sucesión de ideogramas que a Lupita se le antojan un hechizo, un código secreto y una invitación. 


Cuando pasa a su lado, el aire se impregna de su perfume, carnoso y dulce como el de una planta carnívora. Y se imagina la dicha de seguir cada línea con el dedo, de dibujar con saliva el descenso sinuoso por la espalda, de traspasar el horizonte del suceso y explorar más allá del vestido...

lunes, 14 de julio de 2014

un centauro, a veces

Los sueños de Lupita han compartido siempre, desde muy joven, una arquitectura similar de pasillos metálicos que desembocan en su antiguo colegio, que es también la casa de sus abuelos y es una iglesia oscura y fría, resumen de todas las iglesias que visitó con su tía beata. Un laberinto de paredes y jardines, de calles conocidas que se mezclan y mudan en otras, enigmáticas. Un rompecabezas de tiempos y de espacios, de gentes recordadas o imaginadas: amigos de la infancia, viajeros con los que una vez coincidió en un autobús, personajes de viejas películas, el cantante de los Smiths o un centauro. A veces hay una maleta y a veces llueven ranas, blandas y húmedas. 


Camina y camina, despierta en una cama que le resulta familiar y se mira en el mismo espejo en que se miraba en el cuarto de baño del internado. Tiembla, corre desnuda, se abre paso por un pasillo atestado de gente, siempre pasillos largos, interminables y sudorosos.


Escucha los cascos en el suelo metálico,  el fragor de una respiración arenosa; percibe el olor agrio que inunda la habitación. Cierra el libro, pero ya la silueta se ha esfumado y hay que ir a fichar, ajustarse la minifalda, que tiende a trepar muslos arriba; hay que subir hasta el observatorio, conectar el telescopio... 


Los sueños que Lupita recuerda, los que  a lo mejor elige recordar, comparten arquitecturas laberínticas y escenarios familiares, y acaban siempre en ese observatorio polar desde el que se ven las estrellas, todas las estrellas, y hasta más allá de las estrellas...

lunes, 7 de julio de 2014

the bitch is back

Lupita siente la camiseta pegada a la espalda por el sudor. El intercomunicador chirría: un aullido de ruido blanco, la agonía del ordenador central, que pierde el control de la nave y se hunde en la muerte electrónica.

Avanza despacio por el corredor parpadeante, alerta al menor movimiento. Le duelen los hombros y puede oler su propia orina, el metal recalentado, la descomposición. Allá al fondo algo se mueve. Un burbujear de carne blanda, el nervioso reptar de larvas hambrientas, una silueta que parece crecer, afirmarse, una sombra que se adensa y le devuelve la mirada, voraz y furiosa.


Lupita respira hondo. Enciende el lanzallamas. Avanza un paso, dos pasos.  

lunes, 30 de junio de 2014

arte

A Lupita no la vas a encontrar en un museo, eso también te lo digo... Ese hormiguear de gente en la ruta de quince obras maestras a piñón, foto para el álbum de las vacaciones y deprisita a otra cosa... Todo ese tumulto nervioso de lemmings no va con ella, que prefería, cuando todavía visitaba exposiciones, perderse sin rumbo fijo, saltarse lo obvio, descubrir maravillas escondidas.



No, Lupita hoy es más de vermut fresquito de barril y charlar con su gente a la sombra. 

lunes, 23 de junio de 2014

arqueologías

Lo peor de las mudanzas es la arqueología. Esa ropa vieja con olor a cieno. Esas novelas de esquinas arrugadas que uno se queda mirando sin atreverse a abrirlas. Cartas guardadas en paquetitos  y que sería mejor quemar sin leer... Vestigios incómodos.



Ay, pero las fotografías... Eso debe ser lo mejor. Y lo peor. Lo que más daño hace. Por ejemplo, esta misma: estamos todos, como en una película de los ochenta. Unos hablando con otros, aparentando arrogancia, fumando con descaro. O esta otra, todas las chicas juntas, riéndose, mirando a cámara con gesto que entonces quería ser seductor y hoy solo despierta  ternura. O esta otra: Lupita está en todas, pero en esta no hay nadie más. Con su camiseta de Dr. Who y el pelo revuelto, tiene la mirada perdida, seguramente no se da cuenta de que la están fotografiando. Sonríe con esos labios que siempre llevaba pintados de rojo cereza. Imagino que está pensando ya en los siguientes años, en su futuro, que ahora es mi pasado sin ella: la Academia Espacial, los vuelos de prueba, la Estación Orbital, el Largo Viaje...

Lo peor de las mudanzas es la arqueología. Discos que ya no suenan, el polvo petrificado en los surcos. Gente que se fue y de la que ni el nombre se recuerda, a pesar de las promesas de amistad eterna. El vértigo de la caída libre y ese vacío que no hay manera de llenar...

lunes, 16 de junio de 2014

te espero

Son cosas que no sé bien cómo decirte, Lupita... Sí sé que, si estuvieras aquí, te lo diría al oído: voy a esperarte hasta que aprendas a volar, o hasta que vuelvas de Marte... 



Con una copa de vino blanco bien frío. Pero que te quede claro: yo te espero el tiempo que haga falta.

lunes, 9 de junio de 2014

happiness


Comer cerezas maduras en el balcón y escupir los huesos como una niña chica. 

Respirar hondo después de la tormenta.



Beber cerveza fría mientras se retiran las nubes. Esperar la noche...

lunes, 2 de junio de 2014

la flecha del tiempo

Durante años, Lupita fue testigo del viaje en el tiempo de su madre, que retrocedió despacio hasta la niñez y más atrás aún, hasta apagarse en silencio como se apagan a veces las estrellas, colapsadas al final de un túnel sin camino de vuelta. 


Cuando todo pasó, decidió embarcarse en su propia travesía temporal, hacia el futuro: programó la Máquina para saltos progresivamente más largos que le permitieron ser testigo de la expansión de una humanidad efervescente por todo el sistema solar y de su larga decadencia posterior. Contempló el lento crepúsculo del Sol y su transformación en gigante roja, y asistió a la extinción de los últimos transhumanos, que le devolvían una mirada alienígena y pavorosa. 

Avanzó más y más adelante en la flecha del tiempo hasta desembocar en una desolación helada, un cielo sin estrellas, el triunfo de la entropía. Más y más adelante, hacia el improbable, mudo final... con tal de huir y no volver la vista atrás.

lunes, 26 de mayo de 2014

categoría 5

Voy a hacer lo que pueda para dar tu nombre a un tornado o a un huracán.

Nada de tormentas tropicales, que se quedan siempre a medias:

tú eres más de hacer tabla rasa, y prefieres dejar a tu paso caos y destrucción,

como Godzilla, o como Hulk.




Tengo que enterarme bien de quién decide estas cosas, si se puede pujar o qué,

y que el próximo huracán devastador se llame como tú.

O que sea, mejor, uno de esos tornados gigantes que salen en las películas,

uno capaz de llevarnos a ti y a mí hasta la tierra de Oz, 

y de llevar al resto del mundo hasta el mismísimo carajo...

lunes, 19 de mayo de 2014

springtime

En la calle se ven algunos perrillos con cara de velocidad y chicas dulces que parecen dibujadas con pincel: negro para el pelo y las gafas de sol, rojo para las deportivas y los labios. 



Mañanas descalzas de domingo en el balcón, bebiendo café helado y hojeando tebeos... 

No hay nada mejor.

lunes, 12 de mayo de 2014

en voz baja

Voy a esperar a que no haya nadie mirando, Lupita. No quiero que nos puedan oír, que lo que quiero decirte no le importa a nadie más que a ti y a mí, bien que lo sabes.



Y cuando estemos solos, voy a decírtelo muy bajito y al oído, niña, porque me gusta cómo huele tu pelo y me gusta la curva de tu cuello, y porque te quiero tener muy cerca cuando lo escuches, y mirarte a los ojos...

lunes, 5 de mayo de 2014

dolce far niente

Una zanahoria recién lavada, fresca y crujiente. Pepinillos jugosos, aceitunas negras. Una cerveza muy fría y ese primer sorbo que burbujea en la garganta y que sabe a gloria... La semana ha sido larga y el cansancio se acumula en la espalda, en los hombros.



Sentada en el balcón, Lupita deja que el sol tibio de los primeros días de primavera le caliente los muslos. Suspira, cierra los ojos. Queda todo el domingo por delante.



Dejarse mecer por la tarde lenta...

lunes, 28 de abril de 2014

enemigo mío


No han dejado de verse en todos estos años, siempre en los mismos bares de su juventud: charlan, ríen, se cuentan sus cosas cotidianas y sus intimidades, porque con nadie más tienen esa sensación de confianza y cercanía. Les importa bien poco lo que hacen en su tiempo de trabajo, dejan a un lado lo que pueda suponer un conflicto, porque lo que cuenta es esa cerveza compartida, ese tiempo de conversación, la complicidad, la calidez de su mutua compañía.


Por supuesto, celebraron la admisión de Lupita como agente de campo, como habían celebrado unos meses antes que él fuera reclutado por la división de I+D de armamento: sin entrar en detalles y entre carcajadas y confidencias. En esas largas noches de cigarrillos compartidos y comida china sabrosa, HYDRA y SHIELD no son más que siglas que ninguno de los dos pronuncia, accidentes que quedan en segundo plano, esa rutina diaria de la que no se habla. Porque lo que importa es otra cosa...

lunes, 21 de abril de 2014

control

Hay planetas en los que llueve metano desde un cielo incendiado de naranja, tormentas que duran semanas, meses, huracanes inimaginables que giran y aúllan durante cientos de años terrestres. Todo esto lo piensa Lupita sin saber por qué mientras contempla la lluvia desde el interior de la tienda y siente el aire húmedo que entra de la calle. 

A su alrededor hay un hormigueo de chiquillas con miniminifaldas y miniminishorts que van y vienen, nerviosas, los ojos billantes, los labios muy rojos, que esquivan al segurata de uniforme gris y pelo gris y tez gris, aburrido hasta la extenuación, sin siquiera verlo, sabiéndolo fuera de lugar.


Lupita no lo duda más y sale a la calle, respira hondo y abre los brazos como quien va a echar a volar, se deja mecer por el viento...  y vuelve a pensar en tempestades colosales, en la mancha roja de Júpiter... y en que no hay nadie allí para ver todas esas maravillas... Y sueña, otra vez sueña despierta, cosmonauta Lupita llamando a control de Tierra...

lunes, 14 de abril de 2014

propósito

Lupita prueba la temperatura del agua con el pie, la larga pierna extendida hasta comprobar que sale ya caliente. Le gusta pasar un buen rato debajo de la ducha, y si lleva el pelo tan corto es, en parte, para poder lavarlo a diario y olvidarse luego del secador.



Mientras el agua resbala por su piel blanca, vuelve a soñar con un baño de espuma bien largo en una de esas bañeras con patas de las películas, un baño con gafas de sol y una copa de vino blanco. Como Audrey Hepburn. 

El vapor espesa el aire y empaña el espejo, y Lupita decide, otra vez, que algún día tendrá una bañera grande y con pies en su piso, cuando los alquileres y los sueldos de mierda lo permitan.


lunes, 7 de abril de 2014

arriba y abajo

ARRIBA. Rutina y método, pasillos metálicos, el zumbido perpetuo de la ventilación. Apenas hay momentos de ocio, y Lupita los suele pasar en el mirador, contemplando en silencio la superficie terrestre allá abajo.


ABAJO. Cómo explicarle a su abuela, la misma que de muy pequeña le contaba que había viajado por el mundo entero en el dobladillo del pantalón de un gigante, encaramada como quien se asoma al balcón, la misma que la convenció de tratar de usted a los gatos que merodeaban el patio soleado (todavía hoy lo hace, con una media sonrisa cómplice, siempre que se cruza con uno). Cómo explicarle que la Estación Espacial no se cae desde allá arriba precisamente porque está siempre cayendo, que el secreto es ese, no terminar nunca de caer...  Cómo explicárselo y que duerma tranquila, que sueñe con una Lupita que se asoma desde el cielo como ella se asomaba al mundo desde su gigante andariego...

domingo, 30 de marzo de 2014

maldito viento

Lupita se ha comprado, para recibir a la primavera, una gabardina corta y blanca, muy ligera, como de película francesa: Belmondo, Seberg, Anna Karina... Se ha comprado también unas deportivas rojas y un pintalabios de color cereza. Se ha cortado el pelo muy corto, se lo ha teñido de rubio. Además, ha estrenado un gorrito a juego con las deportivas y los labios, que ha salido volando a la primera ráfaga de viento, maldita sea...


Ahora ya solo queda esperar al sol.

lunes, 24 de marzo de 2014

no hay manera

Cuando recibió la invitación al grupo de Facebook no se paró a pensarlo, pero en cuanto que vio el título de la página, Lupita sintió que la pereza le trepaba por la espalda: "Amigos de los 80", puf... 

Estuvo viendo fotografías de gente que le resultaba familiar, miradas antiguas que le trajeron a la memoria otras, más vivas, de cuando se llamaban unos a otros por el apellido y cualquier excusa era buena para hacer pactos de sangre. Buscó, casi sin querer, a M, que llevaba las faldas más cortas de todo el instituto y cuya voz arenosa perturbó sus sueños durante muchos años, pero a quien encontró fue a L, oculto tras una papada indecente y una sonrisa que hablaba de demasiados fracasos. Cerró la página y a punto estuvo de bloquear a quien la había invitado... Se sintió de repente muy cansada y salió al balcón. Encendió un cigarrillo, el segundo del día: le hacía falta.



Al hijo de A le encontraron el mes pasado un tumor. J lleva bien la muerte de su hermano, pero todavía cuesta verla y pensar que él no está ya. S ha superado lo del divorcio, y la hija de B está tan mayor que da vértigo pensar que no hace tanto la sostenía en el regazo, cuando era todo cabeza redonda y ojos como platos. Joder, si está a punto de acabar la tesis... Tanto tiempo, tanta gente querida.

Enciende otro cigarrillo. En la calle no hay nadie, el bar de enfrente está echando el cierre. Sin darse cuenta vuelve a pensar en M, los muslos morenos de M... Y se imagina por un momento una de esas reuniones de viejos amigos de cine, Reencuentro, o Los amigos de Peter... Comparar heridas, entregarse a la melancolía y hacer chistes tiernos y muy graciosos...  Reírse por no llorar.

Apaga el cigarrillo y vuelve adentro. Está echando de menos un buen guión en su vida... uno de Kasdan, por ejemplo. 

Pero no. No hay manera.

lunes, 17 de marzo de 2014

de papel

La joven Lupita adoraba la ceremonia de empezar a leer cada nuevo libro. Le gustaba sentirlo entre las manos, experimentar su peso y volumen, acariciar el lomo, el canto de las páginas, hojearlo y detenerse en un párrafo al azar, acercar la nariz y oler el aroma del papel. Las primeras líneas eran una puerta que se abría a otro mundo en el que pasaba las horas muertas, un otro mundo del que a menudo le costaba regresar para enfrentar la tarea cotidiana de hacer la cama, cenar verdura, ir a clase, rosa rosae... 

Hoy el tiempo apremia y los días se amontonan en semanas que corren, veloces, hasta acumularse en meses, y apenas si puede ya pararse a leer despacio, como antes; apenas si consigue escamotearle a la rutina diaria un rato para empaparse de aventura y escalar paredes de palabras, desplegar las velas y dejarse llevar a islas desconocidas... 



Echa de menos pasear por Barsoom y por Oz, añora al capitán Nemo, al doctor Watson, a Dorothy o a Ijon Tichy , que tanto la hizo reír...Y, eso sí, le encantaría pegarle una buena paliza al tal Grey. Por moñas.

lunes, 10 de marzo de 2014

WAR




Los rusos moviendo las tropas y tú y yo aquí, Lupita. Haciendo poesía...

Debería darnos vergüenza.

lunes, 3 de marzo de 2014

time

Nadie se extrañó cuando Lupita anunció que se había alistado en el Programa de Exploración Temporal: su relación con los relojes fue siempre digamos que flexible... incluso errática. La puntualidad, en fin, no estuvo nunca entre sus muchas virtudes, y una vez comenzó la etapa de ensayos perdimos la esperanza de que alguna vez llegara a estarlo. Desaparecía durante días, acudía a citas que no se habían fijado todavía... un desastre.

Una vez que los cronoviajes comenzaron en serio, la situación pareció adquirir una sombra de estabilidad, o quizá es que todos acabamos por fingirlo, no sé bien. El caso es que nuestras vidas continuaron su rumbo lineal, aderezado por las apariciones inesperadas y desordenadas de una Lupita que era a veces más joven de lo que correspondía y a veces parecía venir de tan lejos que nos miraba como si no nos reconociera. 



Pero no a todo nos acostumbramos, o yo no sé hacerlo, y es que hay cosas difíciles de asimilar. La Lupita que anoche me besó, por ejemplo, esa Lupita de labios húmedos y olor a mandarina... ¿de cuándo es? ¿La próxima vez que la vea será para ella un después o un antes de ese beso? ¿En qué momento del futuro ese beso tendrá continuidad... o será que la tuvo en el pasado, esa noche inesperada de hace dos años?

Lupita, vas y vienes y yo ya no sé...

lunes, 24 de febrero de 2014

vivir

Es que de todo hace ya demasiado tiempo, Lupita, y los días son, más que nada, un mero gestionar fatigas y tedios. Pero te veo ahí, sentada detrás de tu batería, los ojos grandes mirando a cámara, encendidos, la boca muy roja, y me devuelves el buen humor y las ganas de levantarme del sillón, de abrir las ventanas, de salir a la calle.


No sé qué será mañana de ti, niña; no sé si pilotarás astronaves o la caja registradora de un Mercadona, pero sé que, hagas lo que hagas, lo harás con el impulso y la alegría de un incendio, y saberlo me da energía para seguir aquí cerca y verte reír, verte vivir... 

Y es que verte vivir me da a mí la vida, Lupita.

lunes, 17 de febrero de 2014

transiberiano

Están los días Ana Karenina, de andén brumoso y abrigo de zorro blanco, y están esos otros días de tren bala en los que se siente veloz y letal, un poco Trinity y un mucho señora Peel. También hay días transiberianos, tediosos, y están esos otros en los que querría escuchar pasos en el techo del vagón, correr hacia la puerta y saltar de ahí al caballo sin pensarlo, huir al galope, internarse para siempre en territorio indio y no mirar atrás.


Desde muy pequeña, para Lupita las vacaciones y los trenes, la aventura y los trenes, lo desconocido excitante y los trenes, han sido siempre una única cosa. Y, de alguna manera, en su fantasear cotidiano sigue siendo así.

Y a Freud, y a Hitchcock, que les den.

lunes, 10 de febrero de 2014

tinta y agua

Tiene gracia cómo las cosas cambian sin que una se de cuenta. Lupita lo piensa mientras se quita las gafas y se frota los ojos cansados. Tantos años incapaz de vivir sin pareja, años tumultuosos y memorables en muchos sentidos, y ahora no podría ni plantearse la idea de compartir su casa con nadie. Ni su vida. Ama su espacio y ama su tiempo, el silencio elegido, los amaneceres a solas.

Al otro lado del ventanal ha oscurecido ya, y puede ver su reflejo en el cristal. Se ha vuelto a cortar el pelo muy corto, a lo Louise Brooks. Le gusta cómo le quedan así las canas. También le gusta, quién lo hubiera dicho, cómo ha cambiado su cuerpo, de la elegancia elástica de Valentina a la sensualidad confortable de las mujeres de Tardi. Se siente bien con su nueva imagen, que le hace pensar en una cosmonauta rusa de vuelta de muchos años de misión.



Vuelve a ponerse las gafas y centra su atención en el papel. Sigue dibujando, como ha hecho siempre. Tiene otros horarios, eso sí... La espalda no le deja ya remontar noches enteras delante del tablero o de la pantalla. También ha cambiado su relación con lo que hace. Se adaptó rápido a lo digital, pero le gusta el tacto del papel, la sensación física de dibujar. Y ha descubierto, además, la felicidad de saltarse el paso previo del lápiz y construir imágenes a golpe de mancha e intuición, tinta y agua.

Se levanta para servirse una copa de vino. Blanco, muy frío. Lo paladea fuera, en el balcón. Despacio. 

Decide que le gusta su vida, se gusta a sí misma. No es algo que haya pensado hasta hace muy poco... pero sí: se siente cómoda aquí y ahora, y eso la hace feliz.


lunes, 3 de febrero de 2014

Residencial Las Arenas de Marte

Reunión de vecinos en la urbanización. Lupita se sienta al fondo, cerca de la puerta: no será la primera vez que huya en medio de una discusión que se le antoja un bucle temporal sin solución.

Alguien propone terraformar el jardín y plantar pepinos y pimientos. Hay quien insiste en cambiar el nombre de la calle principal: no le gusta Bradbury, prefiere Avenida de Arthur C. Clarke. Un tercero avisa de una plaga de la que ha oído hablar en el centro comercial: misteriosos hombrecillos verdes que aparecen a su antojo en los lugares y momentos más inoportunos. Alguien más propone segregar los espacios comunes: no quiere que sus hijos, esas bestias pequeñas, compartan ocio con clónicos o androides.



Las voces se alzan, las manos gesticulan con vehemencia creciente y Lupita distrae la mirada detrás del ventanal: allá lejos, justo en el filo del horizonte oxidado, un resplandor verde... quizá el espejismo de un Marte que jamás fue. 

Lupita sonríe y da la espalda al tumulto. 

Lupita sueña...

lunes, 27 de enero de 2014

weird

Lupita sueña a veces con princesas guerreras: Belit, reina de los piratas de la Costa Negra, o Sonya, la roja. Sueña a veces sueños brumosos, de olores espesos y colores vivos: rojo sangre, verde jungla, negro muerte. Sueña sueños tumultuosos de los que regresa con un sabor metálico en la lengua y el recuerdo del cuero y el acero y el sudor vivo todavía en los brazos y en los muslos.



Lupita sueña a veces sueños febriles y turbios de los que despierta empapada y temblorosa, y con un deseo que le desgarra el vientre: la necesidad abrasadora de aullar a la luna.

lunes, 20 de enero de 2014

just looking for another girl...


Otra mudanza. Ojalá sea la última... al menos, en una buena temporada. Lupita abre cajas que no llegó a abrir la última vez porque hay que aligerar equipaje y dejar atrás lastre, cajas con libros, cuadernos, discos

Hay que elegir. Va apartando volúmenes manoseados, ejemplares que leyó muchas veces y títulos que pensó que leería más adelante y ni por esas. Los dedos se le ennegrecen de polvo, y mientras hojea  encuentra pequeños tesoros inexplicables entre las páginas: billetes de metro, fotografías, recortes de periódico amarillos y crujientes... ex libris de andar por casa.


Boris Vian y Henry Miller, Lawrence, Lem, Cortázar, Rulfo, ¡Asimov! Hay libros que le salvaron la vida y libros que la llevaron de la mano un tiempo y quedaron atrás. Libros de los que nada recuerda, ni siquiera a cuento de qué están ahí, y otros que permanecen vivos en su cabeza, esos que le explotaron entre las manos y le cambiaron la vida. Elegir parece difícil, pero en realidad no lo es: está lo que importó y está lo que ya no importa, y luego los discos, ahí la cosa se complica porque pesan como un dolor y guardan canciones que están pegaditas a tantos momentos, buenos o malos... Billy Bragg, que no quiere cambiar el mundo pero a ella se lo cambió, The Smiths, Stereolab, Jonathan... Cuando encuentra el maxi de Blue monday decide que lo primero que va a hacer, mañana mismo, es conseguir un plato para poder escuchar todos esos discos, todos, en su casa nueva, con las ventanas abiertas de par en par...

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